SOCIAL Y CULTURAL
02/03/2026
El cine argentino hace historia en los Goya: Belén, de Dolores Fonzi, se corona en Barcelona
Por Jose Manuel Ferrero
El cine argentino volvió a brillar con luz propia en el escenario europeo. En la 40.ª edición de los Premios Goya, celebrada en una Barcelona vibrante, la película Belén, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi, se consagró como la Mejor Película Iberoamericana. El galardón no solo premia la excelencia técnica y narrativa del film, sino que consolida un recorrido internacional que ya venía cosechando aplausos en los principales festivales del mundo.
El reconocimiento tiene un peso histórico: en cuatro décadas de vida de los premios de la Academia Española, las producciones argentinas han mantenido una vigencia asombrosa. En esta ocasión, Belén logró imponerse frente a sólidas propuestas de Chile, Costa Rica, Brasil y Colombia, ratificando que el audiovisual nacional sigue siendo una potencia de exportación a pesar de los contextos adversos.
La potencia de Belén radica en su raíz real. La película narra el calvario de una joven tucumana que, en 2014, fue condenada tras sufrir un aborto espontáneo en un hospital público. En aquel entonces, la interrupción del embarazo era ilegal en Argentina, y el film expone con una crudeza necesaria las tensiones entre la justicia, el género y los derechos reproductivos.
Inscrita en la mejor tradición del cine político, la obra interpela tanto a las instituciones como a la sensibilidad del espectador, convirtiendo un caso judicial en una pieza de arte universal.
El momento de la premiación estuvo lejos de ser un simple trámite protocolar. Dolores Fonzi, conocida por su activismo, utilizó el micrófono de los Goya para lanzar una advertencia política que resonó en toda Iberoamérica. La directora alertó sobre el avance de la ultraderecha y el riesgo que esto supone para los derechos sociales y culturales que parecían consolidados.
"Los derechos conquistados no son irreversibles", sostuvo Fonzi con firmeza. "Todavía hay tiempo para evitar retrocesos, y el arte tiene un rol fundamental en la construcción de una conciencia colectiva".
Con estas palabras, vinculó el espíritu de su protagonista con la necesidad de defender las libertades individuales en el presente, reforzando el carácter de intervención cultural que atraviesa a toda la película.
El triunfo de Belén funciona también como una bocanada de aire para la industria cinematográfica argentina. En tiempos de crisis y debates sobre el financiamiento cultural, la consagración en Europa demuestra que el cine nacional es una voz potente, capaz de generar debate global sin renunciar a su identidad política y social.
Más allá de la estatuilla, la película se posiciona como un hito que trasciende fronteras, recordándole al mundo que, incluso en los momentos más complejos, el arte argentino no se calla.
El reconocimiento tiene un peso histórico: en cuatro décadas de vida de los premios de la Academia Española, las producciones argentinas han mantenido una vigencia asombrosa. En esta ocasión, Belén logró imponerse frente a sólidas propuestas de Chile, Costa Rica, Brasil y Colombia, ratificando que el audiovisual nacional sigue siendo una potencia de exportación a pesar de los contextos adversos.
La potencia de Belén radica en su raíz real. La película narra el calvario de una joven tucumana que, en 2014, fue condenada tras sufrir un aborto espontáneo en un hospital público. En aquel entonces, la interrupción del embarazo era ilegal en Argentina, y el film expone con una crudeza necesaria las tensiones entre la justicia, el género y los derechos reproductivos.
Inscrita en la mejor tradición del cine político, la obra interpela tanto a las instituciones como a la sensibilidad del espectador, convirtiendo un caso judicial en una pieza de arte universal.
El momento de la premiación estuvo lejos de ser un simple trámite protocolar. Dolores Fonzi, conocida por su activismo, utilizó el micrófono de los Goya para lanzar una advertencia política que resonó en toda Iberoamérica. La directora alertó sobre el avance de la ultraderecha y el riesgo que esto supone para los derechos sociales y culturales que parecían consolidados.
"Los derechos conquistados no son irreversibles", sostuvo Fonzi con firmeza. "Todavía hay tiempo para evitar retrocesos, y el arte tiene un rol fundamental en la construcción de una conciencia colectiva".
Con estas palabras, vinculó el espíritu de su protagonista con la necesidad de defender las libertades individuales en el presente, reforzando el carácter de intervención cultural que atraviesa a toda la película.
El triunfo de Belén funciona también como una bocanada de aire para la industria cinematográfica argentina. En tiempos de crisis y debates sobre el financiamiento cultural, la consagración en Europa demuestra que el cine nacional es una voz potente, capaz de generar debate global sin renunciar a su identidad política y social.
Más allá de la estatuilla, la película se posiciona como un hito que trasciende fronteras, recordándole al mundo que, incluso en los momentos más complejos, el arte argentino no se calla.







